Pedagogos competentes

29
May

El cambio de los modelos pedagógicos que deben ser adoptados es inminente, no cabe duda que la educación está redefiniéndose, solo hecha un vistazo a las aulas, los pupitres ya no son un cajón de madera donde debías sentarte con un compañero que comía tostacos mientras el maestro de matemáticas corría a toda velocidad explicando un tema al que nunca le cogiste la idea; los tableros no son verdes y ya no se escribe con tiza, ahora se usa un tablero electrónico y el marcador es digital, los grupos de estudiantes en cada aula son máximo 15 y todo maestro tiene un suplente o asistente que le ayuda; El maestro ya no debe repetir las Nacho o las Escuela Nueva sino que puede crear su propio método académico que sí funciona en su contexto, la preparación de la clase es cosa del olvido; toda institución tiene su propio rector, y los estudiantes que deben perder pierden porque no hay trafico de influencias, los colegios no tienen una psicóloga que les enseña educación sexual sino un capellán que les instruye en su vida espiritual para que tengan dominio propio; los padres son interesados por sus hijos y cuando este va mal lo culpan a él, no al docente; en los grupos ya no aparecen niños abusados, con déficit de atención o desnutrición; nadie llega tarde a clase, todos presentan sus tareas y la droga no está afectando a ninguno de los alumnos, por supuesto tampoco el alcohol y no se escucha en los pasillos que este alumno se acostó con tal niña. La educación se ha transformado, ¿Verdad?

También los maestros se han transformado, ahora recuerdan que su comportamiento moral influye de manera positiva en la manera que sus alumnos aprenden, nunca ves a un maestro borracho o llegar a clase amanecido, su familia es la que quieres tener porque ves el esfuerzo que hace por moldear una familia correcta, nunca le ves haciendo trampa o hablando mal de su rector, los domingos los ves en la iglesia recordando que su modelo de pedagogía debe venir de Dios y sobre todo colocando delante de Dios los casos difíciles, les ves sonreír no solo gritar, te saludan en la calle recordando que el alumno es un tipo de hijo, cuándo miras sus muros en las redes sociales notas su lenguaje modesto pero decente, no esperarías encontrarlos en una clase viendo pornografía o chateando con su amante, porque tu maestro es tu héroe ¿Verdad?

Estos elementos mencionados están lejos de la realidad que nosotros vivimos en nuestro contexto y mientras mas nos quedamos atrás en los modelos pedagógicos mucho más notable es nuestro atraso. Continuamos sosteniendo modelos pedagógicos de ejes o competencias, mientras frente a nosotros la educación se transforma, y esta transformación se está dando más rápido y fácil en el propio alumno que en su maestro, la tecnología pasa frente a nuestros ojos – y mientras – nos preguntamos si el modelo pedagógico es el correcto, pero continuamos apresados por diseños de décadas atrás.

En esto la iglesia juega un papel muy importante, la que es el aula por excelencia no se queda atrás y muchas iglesias debemos arrepentirnos de dejar en lugares de poca relevancia la manera en la que enseñamos, la forma en la que transmitimos el conocimiento, los medios y métodos empleados para alcanzar a nuestros alumnos o hijos de alumnos en la iglesia.

Estamos en la mayoría usando un sistema que no se ha reconciliado con la tecnología, que no se ha reconciliado con la postmodernidad y que ha dejado de ser transformacionista para convertirse en contracultural. Hemos dejado la educación a un espacio de una hora en la iglesia y no hemos buscado escenarios para unir a los alumnos, y por qué no decirlo, la mayoría usamos hasta la guía de catecúmenos que fue editada hace tres siglos y ni un cambio metodológico hemos planteado (algunos al menos enseñan catequesis), algunos más han desistido de la educación y en el espacio de escuela dominical solo juegos de vídeo, colores o actividades físicas hacen.

Cuánto debemos nosotros recordar que somos el aula por excelencia, que estamos llamados a usar métodos pedagógicos de punta, reconciliados con la tecnología y los encuentros extra dominicales, comprometidos por mantener el más alto estándar en la educación de nuestros niños y demás alumnos (incluyendo los adultos), que de nuestras iglesias deben salir los modelos que el Estado imita para proyectar y promover la educación en las instituciones educativas públicas del país y cabe mencionar que un grado mayor de responsabilidad tienen las instituciones cristianas privadas, puesto que la luz sobre la que deben educar es la luz de Cristo, nuestro Gran Maestro.

Solo tres años de educación bastaron a los discípulos para salir y transformar el mundo antiguo. Con su elocuencia, sabiduría y poder fueron el modelo que muchos siguieron, de manera que después de años de esfuerzo el cristianismo al menos de manera política abarco todo el Imperio Romano. Fueron las horas dedicadas por Cristo enseñándoles a tener fe, mostrándoles la evidencia de sus razonamientos, mostrándoles su forma de vivir, de recorrer nación y nación, de hablar con los pobres, de confrontar a los líderes y de leer la revelación de Dios, lo que los preparó para una vida como la que luego evidenciaron.

Esto es un llamado a los maestros de la Iglesia en nuestros días, hombres y mujeres que olvidamos que de nuestras aulas ha salido el mayor desarrollo del mundo, para que saquemos las aulas de las iglesias del rincón del olvido, para que recordemos que estamos sembrando una semilla importante, que Dios nos ha mandado a dejar el campo abonado para que cuando llueva la tierra produzca buen fruto, un llamado a dejar de huir de los medios a nuestra disposición y preparar correctamente a nuestros alumnos, con lo mejor de la pedagogía.

También es un llamado a todo maestro del país, para que recuerde que su labor es imprescindible, es admirable y es delegada por Dios, así que delante de Dios se encuentran al ejercer su labor, es a Él a quien deben rendir cuentas. Los pasillos del ejemplo se encuentran llenos de comentarios, comentarios sobre maestros que han transmitido conocimiento pero no vida, que han sanado la mente de la ignorancia pero llenado el corazón de arrogancia, que han marcado la ciencia de la exactitud pero moldeado una vida de ineptitud, enseñado ética y valores pero defraudado a su prójimo y su familia, instruido en religión sin nunca ir a la iglesia, experimentado en la química de los elementos pero negado la realidad del alma, que han desentrañado el conocimiento sobre el fondo del mar pero sus pecados nunca han sido arrojados allá, armado y desarmado un cohete o descifrado la información del ADN sin sorprenderse del que lo encadenó. Los pasillos de tu universidad profe o de tu institución darán testimonio contra ti delante del Maestro.

Es de notar que la educación sin Dios pierde su valor total, porque no es capaz de salvar la preciada alma del pecador de su miseria, cuántos de allí salen a defraudar al prójimo vestidos de corbata y zapatos de charol, cuántos salen vestidos de toga para continuar usando de vileza en la nefasta conducta de sus fechorías, golpeando mujeres, violando niños, robando patentes, adjudicando contratos, porque la bajeza de la condición del hombre separado de Dios no se remedia solo con el conocimiento del campo en particular, sino con el conocimiento de Dios. Hemos cosechado el fruto que temíamos y ahora tenemos un llamado, aunque seamos una golondrina que revolotea en el cielo, de hacer aquello que el Creador desea.

No es de extrañarse que el campo de batalla hoy sea en las aulas, solo por mencionar un poco en 1983, John Dunphy, un humanista secular, escribió en el Diario Humanista:

«Estoy convencido de que la batalla por el futuro de la humanidad debe ser librada y ganada en el aula de las escuelas públicas por maestros que perciben correctamente su papel como proselitistas de una nueva fe: una religión de la humanidad que reconoce y respeta la chispa de lo que los teólogos llaman divinidad en cada ser humano. Estos maestros deben encarnan la misma dedicación desinteresada como los predicadores fundamentalistas más enérgicos, porque ellos serán ministros de otro tipo, que utilizan una clase en lugar de un púlpito para transmitir valores humanistas en cualquier materia que enseñan, independientemente del nivel educativo, ya sea preescolar o alguna universidad grande.[1]

Queridos Maestros que todavía tienen en estima a Dios, sobre todo quienes pertenecen a su pueblo, aquellos que son cristianos, la tarea delegada por el Maestro de maestros es grande e importante, tenemos que buscar estar al día en la metodología, en la educación, en la tecnología si en verdad queremos impactar este mundo mucho mas de lo que lo hace el secularismo, si en verdad queremos ver hijos y alumnos viviendo para la gloria de Dios y su reino en tiempo cuando todo se está transformando, como diría Adriana Noreña (Directora de Google para Latinoamérica) “la educación se esta transformado y las competencias y ofertas de carreras debe ser reemplazada, de hecho en los próximos 20 años veremos que la mayoría de carreras hoy ofertadas, no existirán”. Grande es la lucha, difícil la tarea, más tu nos dotas de tu gran poder.

Por último, déjenme en esta doxología dar muchas gracias a los maestros de la iglesia en los diferentes niveles de participación. Gracias, porque esto es un llamado para gente valiente y para gente que realmente desea ver la gloria de Dios; gracias porque el ingenio, las formas creativas, el encontrar soluciones para poder impartir una clase, es algo fantástico; gracias por su trabajo oculto de pastorado a cada uno de los niños en sus situaciones; gracias por ser mis compañeros en esta lucha retadora y en este camino victorioso que, aunque estrecho, siempre tiene una luz al final.

Un abrazo en Cristo
Su Servidor Julian Davey
[1] Catherine Scheraldi de Nuñez & Miguel Nuñez. (s. f.). Revolución Sexual.

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